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updated 8:47 PM UTC, May 19, 2020

El Raro Privilegio

Destacado El Raro Privilegio
Prólogo de Vicente Batista
Me anunciaron que “El raro privilegio” había sido escrita por un excombatiente de Malvinas. No era una guerra imaginada, sino el relato de alguien que fue testigo y parte. Confieso que comencé a leer la novela con suspicacia. Supuse que me iba a topar con un discurso heroico, plagado de golpes bajos y abrumado de adjetivos épicos. Me bastaron recorrer unas pocas páginas para comprobar que me había dejado llevar por el prejuicio. 

Efectivamente, Ronnie Quinn estuvo allí, pero en ningún momento hace uso de ese raro privilegio. Su historia, la que cuenta, sucede en democracia, algunos años después de una guerra; sin embargo, “El raro privilegio” no es una novela bélica, podría encuadrase en el género policial o de espionaje. No obstante, el espanto de Malvinas, lo absurdo de esa campaña, está presente a lo largo de todas sus páginas, desde la primera hasta la última. Este es uno de sus méritos. No es el único.
Para desarrollar su historia, que tiene como eje central cierto ensortijado contrabando de armas, Ronnie Quinn elige la primera persona. Un relato contado por su protagonista que, precisamente, se llama Ronnie Quinn. Verdad y ficción, personaje real y personaje ficticio, se entremezclan sin remedio. Es verdad la guerra de las Malvinas y es verdad que Ronnie Quinn fue uno de los soldados que combatió en esa guerra. Es ficción la historia del contrabando de armas y el personaje Ronnie Quinn que participa de esa aventura. Estamos frente a un texto policial, fiel a las pautas que el género exige: en las páginas finales advertimos que no todo es como hasta ese momento nos lo habían contado, como Ronnie Quinn, nos lo contara. Aquí es cuando el relato adquiere una diabólica coherencia.